Las obras del artista Guillermo BS:

Cuadros al Óleo
Pintar al óleo es un encuentro corporal con el peso del aceite y la intensidad del pigmento, con una materia que exige tiempo, tacto y permanencia. Es una relación pasional, tensa, a veces destructiva, siempre insistente: amantes que se buscan, se resisten, se pierden y se recomponen. En el óleo se cruzan la radicalidad del deseo por comprender y los límites concretos del cuerpo. Está el anhelo de densidad, de espesor, y al mismo tiempo la consciencia —frustrante pero lúcida— de que no se puede todo. Un saber de imposibilidad que no detiene, sino que pone en perspectiva. Por eso el óleo es, para mí, la más ontológica de las disciplinas: allí la pintura no solo representa, sino que existe.

Acuarelas
La acuarela pertenece a otro tiempo. Es juego, deriva y contingencia. A partir de una estructura mínima, la forma se afloja y la pintura se deja atravesar por el azar, por el desborde, por aquello que no se controla. La mancha acuosa no ilustra: acontece. En ella habita ese azar esencial que atraviesa todo y nunca se deja apresar del todo, la posibilidad siempre abierta entre lo que es, lo que ya no será y lo que todavía puede ser. La acuarela no clausura ni afirma con rigidez; acepta la inestabilidad como condición y la transforma en lenguaje. Por eso, quizá, es la más poética de las disciplinas: no domina, acompaña; no describe, sugiere.

Técnica seca
El dibujo, para mí, es el suelo donde toda pintura aprende a sostenerse: la estructura, la base, el esqueleto. Es el lugar del encaje, de la proporción y del trazo que se hace responsable de existir. El grafito acompaña ese aprendizaje con una sobriedad obstinada, siempre dispuesto a volver a enseñar lo esencial; el carboncillo, en cambio, abre un pasaje incierto entre la línea y la mancha, un territorio de transición donde la forma comienza a respirar. No concibo el dibujo como una verdad primera —no creo en verdades primeras— sino como un supuesto provisional que permite que algo se arme. Dibujar es recurrencia crítica: volver una y otra vez a mirar y modificar aquello que sostiene, sin temor a que se desmorone. Atender a la base sin idolatrarla, aprender de ella para, llegado el momento, fracturarla con belleza. Por eso el dibujo es, para mí, un ejercicio sin clausura y quizá la más ética de las tres disciplinas.
